Elegir las portadas de The New Yorker

Françoise Mouly lleva desde 1993 eligiendo las portadas de The New Yorker. Sólo ella, como directora de arte, y el director, David Remnick, son los encargados de escoger la ilustración que resumirá la actualidad de la semana.

Todo empezó en febrero de ese 1993, cuando The New Yorker publicó una portada de Art Spiegelman especial para San Valentín: un judío ortodoxo besando a una mujer negra. Una abierta referencia a los conflictos del barrio de Crown Heights (en el distrito de Brooklyn, NY).

La comunidad de Crown Heights estaba mayoritariamente compuesta de índios y afroamericanos, y una minoría judía. Los enfrentamientos empezaron en 1991, después de que el hijo de dos inmigrantes de la Guyana británica fuera mortalmente atropellado por un rabino.

Por aquella época, Mouly coeditaba con Spiegelman la revista Raw, un buque insignia del cómic alternativo de los 80. Tina Brown, la nueva editora de The New Yorker, se quedó atrapada con la fuerza de Raw y encantada con el impacto que había causado la portada de febrero. Así fue como Brown llevó a Mouly a The New Yorker.

Y desde entonces se han publicado muchísimas portadas, pero son muchas más las que han sido descartadas. Así que Mouly ha abierto un blog, y publicado un libro, donde se muestran cantidad de originales rechazados: Blown Covers.

Ella misma cuenta en este reportaje cómo es su trabajo. «El mejor del mundo», nos cuenta.


+ Blown Covers

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