La ciudad de Samuel

Samuel Meléndrez defiende su sobriedad con una elegancia que me recuerda a los vacíos interiores de los personajes de Edward Hooper. Pero a diferencia de Hooper, Meléndrez da protagonismo a los objetos y a la arquitectura y si aparece la figura humana, es como secundario de lujo. Él cuenta en su exposición para el Museo de las Artes de Guadalajara que en los espacios es donde pasamos los momentos amargos y felices de nuestra vida.

Fragmentado, episódico. Más allá del retrato de aquello que ocurre, se detiene en situaciones que han sido o serán. Es así como la aparente nada se define como un marco, listo para la acción y para la narración. La propuesta es un vuelo delicioso de tu propia imaginación, a veces evidente, otras más sutil. Es difícil aburrirse con Samuel Meléndrez, porque parte de lo que pinta adquiere máximo sentido cuando tú rellenas sus espacios con la mirada.


+ Samuel Meléndrez Bayardo

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1 comentario
  1. Jose A. dijo:

    Vamos, que te a ancantao. Que bien dices la cosas jodia!

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